Me encanta


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Me encanta que me hagas gritar cuando me falta el aire.
Me encanta tener que clavarte las uñas mientras me retuerzo.
Me encanta tu orden: “dámelo“. Me encanta obedecer y dártelo.
Me encanta ver tu cara en ese momento.
Me encanta, entonces, poder cerrar los ojos y recuperar la respiración mientras me abrazas.

Me encanta.

Me encanta correrme en tus dedos.

Pandora.

Imagen: De November Girl, Wild Dream. 1966.

By Sam Haskings

Habitación 346

La vista es nuestro mayor censor y nuestro mayor prejuicio. Nuestro mayor miedo.

 

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Será al revés. Tú me podrás ver y  yo estaré ciega.

¿Estás segura?

Sí. 

Y recuerda: Si no te gusta lo que ves, siempre podrás decidir darte la vuelta e irte. Si lo haces sólo te pido que lo hagas en silencio y sin mirar atrás.

Nunca. 

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El Masaje

A D. Por todas las pruebas conjuntas. Gracias Amor.  

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Había tenido un día muy duro en el trabajo, además, a la vuelta, una avería en el autobús y un retraso en el metro habían hecho que mi cansancio se uniera a una mezcla de rabia, frustración y mala leche en general.

Abro la puerta de casa. Música. Suave, lejana, apenas perceptible, pero si lo suficiente como para que me dibuje una sonrisa en la cara. Tú ya has llegado, y claramente tienes algo en mente. Todo a oscuras, salvo por el camino de velas que dirige mis pasos hacía la habitación; un cálido y relajante aroma invade la estancia.

Hola cariño – me dices al oído- olvídate del trabajo, ya estás en casa, relájate. Sigue leyendo

El Club Noir (V)

 Previo III & IV

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¿Qué me estaba pasando? ¿Qué enajenación me había poseído para darle la mano a un extraño y aferrarme a ella con esas ganas y esa… necesidad? Y aún más… ¿Quién era esa loca que se había alzado sobre sus tacones y le había susurrado a ese hombre a ver si quería ser su mentor?

Desde que cruzamos la mirada algo me llevó a hacer todo eso y ahora me encontraba frente a él cenando en ese enigmático club del que ya era miembro. Levanto la mirada de la ensalada templada de queso de cabra con frutos secos que nos habían servido y me paro a observarle. Sigue leyendo