El Club Noir – III

Previo I & II 

hide fear curiosity III

Con las piernas temblando y recuperando la respiración vuelvo al portón. Lo miro por última vez. En un segundo lo sé. No debería haber venido.  No. Realmente no me atrevo, por mucho que lo desee, que lo necesite. Quise pensar que sí, me dejé llevar por la excitación, pero la realidad es que siempre supe que daría la vuelta. El nudo en el estómago empieza a tornarse en ese otro nudo en la garganta tan familiar. No he sido capaz. De nuevo no soy capaz. Quiero ser capaz. Sigue leyendo

Buenos Días

durmiendoMe doy la vuelta y tu cuerpo está ahí, tibio y tranquilo. Te rodeo con mi brazo y meto mi pierna entre las tuyas. Me acoges sin pensarlo, dormito cálida. Te siento respirar. Te siento en mi pierna. Tibio. Sonrío para mí  y me arrebujo contigo. Tú sueñas y yo empiezo a notar tu cuerpo contra el mío. A quererlo contra el mío aún más. Sigue leyendo

El Club Noir

I

Estoy en la acera, sola. No se de dónde he sacado el valor para llegar allí. El corazón me late a mil y tengo un nudo en el estómago.

-Respira. Al menos intenta controlar la respiración, eso te calmará– Me digo.

Cierro los ojos e intento regular la respiración. Escucho el sonido del tráfico fluido. La ciudad se mueve, sale a cenar, a tomar unas copas… la ciudad sigue su movimiento.  Abro los ojos y miro el portón negro que tengo delante de mí. De arco de medio punto, el portón es de madera lacada en negro mate, de unos tres metros de altura y con dos hojas. En una de ellas hay una puerta de acceso con un aldabón de hierro forjado.  A la izquierda, en la fachada blanca,  en una placa de metacrilato, con letras elegantes y muy minimalista está el nombre NOIR.  La puerta del portón está entornada. Sólo hay que empujar un poco para entrar. (Contessa Pandora) Sigue leyendo

La caja de Pandora

Pandora abrió su ánfora y el miedo salió.

 

Lo que tantas veces he fantaseado. Lo que tantas veces he deseado. Ya está. El primer paso está dado: En menos de 24 horas he quedado con un desconocido sólo para follar. Así de claro, así de explicito de antemano. Así de fácil. Así de difícil. Así de real.

– Me va la caña, lo duro. Te aviso. – He follado poco. ¿Me llevas contigo?-

Estoy cerrando los ojos y tirándome de cabeza. Intentando no pensar por una vez si hay agua o no. Es lo que tantas veces he fantaseado. Lo que tantas veces he deseado. Lo que quiero. Sexo.

– Esta soy yo ¿aceptas? – Sí.-

Me da vueltas la cabeza, si, dudo, no, pros, no, para, dudas, por qués, si, nudo, no, seguro, quiero, sigue, culpable, para quién. Respira. Me tiemblan las manos y tengo nudos a medio desatar. Está delante de mí y sólo depende de mí. Uno de los diques a romper. Respira.

Supongo que sólo necesito que alguien me diga que todo va a ir bien. Pero no hay nadie, sólo un desconocido que espera mi llamada. Respira.

CP

Tú y Yo.

A J.

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Recuerdo lo que pensé la primera y única vez que te besé. Porque fui yo la que te besó. Fui yo la que no pudo aguantar la tensión, tu sonrisa de niño malo, tu mirada brillante y sostenida, tu calma.

– (…) ¿A qué esperas? (…)- te digo, ¿recuerdas?

…Uhmmm, le falta pasión. Es tibio, lento…. Yo quería comerte, tú me querías besar. Yo ímpetu, tu tranquilidad. Yo intensificaba, tú sonreías. Y a mí se me fue pasando la urgencia. Y empecé a notar tus labios suaves, resbaladizos, tranquilos. Tu lengua lenta, calmada, que acariciaba mis labios, mi lengua. Y el tiempo se ralentizó, no sé cuánto, pero todo se paró, todo se desvaneció. Eras sólo tú, sólo tus labios tranquilos y suaves; en movimientos rítmicos. Sigue leyendo