El Masaje

A D. Por todas las pruebas conjuntas. Gracias Amor.  

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Había tenido un día muy duro en el trabajo, además, a la vuelta, una avería en el autobús y un retraso en el metro habían hecho que mi cansancio se uniera a una mezcla de rabia, frustración y mala leche en general.

Abro la puerta de casa. Música. Suave, lejana, apenas perceptible, pero si lo suficiente como para que me dibuje una sonrisa en la cara. Tú ya has llegado, y claramente tienes algo en mente. Todo a oscuras, salvo por el camino de velas que dirige mis pasos hacía la habitación; un cálido y relajante aroma invade la estancia.

Hola cariño – me dices al oído- olvídate del trabajo, ya estás en casa, relájate. Sigue leyendo