Habitación 346

La vista es nuestro mayor censor y nuestro mayor prejuicio. Nuestro mayor miedo.

 

erotica

 

Será al revés. Tú me podrás ver y  yo estaré ciega.

¿Estás segura?

Sí. 

Y recuerda: Si no te gusta lo que ves, siempre podrás decidir darte la vuelta e irte. Si lo haces sólo te pido que lo hagas en silencio y sin mirar atrás.

Nunca. 

 

Había llegado la primera. No hubiera sido capaz de otra manera.  No dejo de retorcerme los dedos, y darle vueltas al anillo de mi pulgar. No tengo claro si estoy tensa, excitada o ambas cosas.  Recorro  la habitación, es amplia. Necesito hacerme a ella, hacerla mía. Sentirme segura. Lo preparo todo y me siento en la cama blanca.

Mis manos tocan las sábanas suaves, estiradas, sin arrugas. Perfectas. Estoy descalza. Descalza mejor. Junto las piernas, pronto comenzará el juego.  El antifaz está en mi regazo, es negro de cuero acolchado y lazos de seda. Lo miro y se funde con mi falda negra, más allá mis piernas desnudas, mis pies descalzos.  Miro la ciudad por la ventana, estoy de espaldas a la puerta. No voy a verle entrar. No voy a verle. Es parte del juego.

Vibra. La luz revela el mensaje: “Ascensor”  Es la hora. Si estoy aquí es porque quiero estar aquí.  Mis manos cogen el antifaz y hago el nudo con dedos torpes, flojos, nerviosos, ajenos.  Mi última visión son mis pies desnudos. Tiemblo. Oscuridad.

Oigo mi respiración y siento los latidos de mi corazón en mis oídos. Se aceleran. Oigo como la cerradura eléctrica de la puerta se abre. Ahora mismo la lucecita roja habrá cambiado a verde. Me recorre un escalofrío y una punzada de miedo me va del estómago a la garganta. Mi corazón está a mil. El sonido del giro del picaporte, la puerta abriéndose, unos pasos ahogados por la moqueta, la fricción de la tela al andar, la puerta que se cierra. Silencio.

Silencio.

Los acordes.

Cierro los ojos detrás del antifaz y sonrío para mí. Estás aquí. Eres tú y es inminente. Me vas a tocar. Respiro para calmar mis latidos, para tragar el tiempo que nos separa y no colapsar.  En un instante tu olor me invade y tus brazos me rodean. Inspiro hondo, eres cálido.  Alzo mis manos a tu espalda. Expiro. No te mueves y me abrazas.  Inpiro. Oigo tu corazón latir. En ese momento lo sé. Te vuelvo a inspirar de nuevo y de repente estoy tranquila. Expiro. Segura. Me abrazas y te oigo respirar,  te siento latir. Inspiro. Mis manos se abren en tu espalda. Estás aquí conmigo y el tiempo se ha parado con nosotros. Para nosotros. Expiro.

Los acordes y su voz.

Tu mano en mi cabeza. Me aprietas contra tu pecho mientras inspiras. Me besas el pelo. Me sujetas la cabeza, la cara, me buscas. Me encuentro con tu aliento y de repente tus labios me devoran y tu lengua me invade.  Se me eriza de golpe toda la piel y la cabeza me da vueltas. Cálido, suave. Mis manos te buscan, te atraen hacia mí y es ahí donde comenzó mi urgencia de ti.

Pandora.

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