El Masaje

A D. Por todas las pruebas conjuntas. Gracias Amor.  

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Había tenido un día muy duro en el trabajo, además, a la vuelta, una avería en el autobús y un retraso en el metro habían hecho que mi cansancio se uniera a una mezcla de rabia, frustración y mala leche en general.

Abro la puerta de casa. Música. Suave, lejana, apenas perceptible, pero si lo suficiente como para que me dibuje una sonrisa en la cara. Tú ya has llegado, y claramente tienes algo en mente. Todo a oscuras, salvo por el camino de velas que dirige mis pasos hacía la habitación; un cálido y relajante aroma invade la estancia.

Hola cariño – me dices al oído- olvídate del trabajo, ya estás en casa, relájate. Sigue leyendo

El Club Noir – III

Previo I & II 

hide fear curiosity III

Con las piernas temblando y recuperando la respiración vuelvo al portón. Lo miro por última vez. En un segundo lo sé. No debería haber venido.  No. Realmente no me atrevo, por mucho que lo desee, que lo necesite. Quise pensar que sí, me dejé llevar por la excitación, pero la realidad es que siempre supe que daría la vuelta. El nudo en el estómago empieza a tornarse en ese otro nudo en la garganta tan familiar. No he sido capaz. De nuevo no soy capaz. Quiero ser capaz. Sigue leyendo

El Club Noir

I

Estoy en la acera, sola. No se de dónde he sacado el valor para llegar allí. El corazón me late a mil y tengo un nudo en el estómago.

-Respira. Al menos intenta controlar la respiración, eso te calmará– Me digo.

Cierro los ojos e intento regular la respiración. Escucho el sonido del tráfico fluido. La ciudad se mueve, sale a cenar, a tomar unas copas… la ciudad sigue su movimiento.  Abro los ojos y miro el portón negro que tengo delante de mí. De arco de medio punto, el portón es de madera lacada en negro mate, de unos tres metros de altura y con dos hojas. En una de ellas hay una puerta de acceso con un aldabón de hierro forjado.  A la izquierda, en la fachada blanca,  en una placa de metacrilato, con letras elegantes y muy minimalista está el nombre NOIR.  La puerta del portón está entornada. Sólo hay que empujar un poco para entrar. (Contessa Pandora) Sigue leyendo

La caja de Pandora

Pandora abrió su ánfora y el miedo salió.

 

Lo que tantas veces he fantaseado. Lo que tantas veces he deseado. Ya está. El primer paso está dado: En menos de 24 horas he quedado con un desconocido sólo para follar. Así de claro, así de explicito de antemano. Así de fácil. Así de difícil. Así de real.

– Me va la caña, lo duro. Te aviso. – He follado poco. ¿Me llevas contigo?-

Estoy cerrando los ojos y tirándome de cabeza. Intentando no pensar por una vez si hay agua o no. Es lo que tantas veces he fantaseado. Lo que tantas veces he deseado. Lo que quiero. Sexo.

– Esta soy yo ¿aceptas? – Sí.-

Me da vueltas la cabeza, si, dudo, no, pros, no, para, dudas, por qués, si, nudo, no, seguro, quiero, sigue, culpable, para quién. Respira. Me tiemblan las manos y tengo nudos a medio desatar. Está delante de mí y sólo depende de mí. Uno de los diques a romper. Respira.

Supongo que sólo necesito que alguien me diga que todo va a ir bien. Pero no hay nadie, sólo un desconocido que espera mi llamada. Respira.

CP

Luz Verde

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Fuera hace frio; pero aún mantenemos el calor del local del que acabamos de salir.  Las caras siguen sonrientes y todavía eufóricas por una gran noche de risas y baile. La felicidad tiene que ser algo parecido a esto.

Por las calles aledañas apenas circulan coches, todos estamos a la caza de la luz verde,  del ansiado taxi, que en cuestión de minutos nos dejará en casa, sin esfuerzo, sin pensar mucho más.

Súbete tú, vas más lejos. Tranquila, en seguida viene otro, seguro. Mañana te llamo. –  Ella se monta y la luz verde se apaga. ¡Ay!, de repente me duelen horrores los pies. No sé qué es peor, si andar o estar parada…

Veo la luz verde al final de la calle, ¡este es el mío! El coche me hace luces y cuando está llegando a mí pone los intermitentes. Bajo de la acera (no más tacones, nunca!!!) y paso entre dos coches para subir al taxi.

Perdona, pero este taxi es mío. – Me dice una voz de chico a mi derecha que está justo en la calle al lado de los coches aparcados.

-¿Cómo? pero si le he hecho señas en cuanto lo he visto entrar por la calle.

-Igual que yo. Me dices mientras me sonríes divertido.

-¡Esto sólo me pasa a mí! –digo riéndome. – A ver, ¿para dónde vas? Yo voy hacia el centro.

– También para el centro. ¿Qué, lo compartimos? – dices riéndote también. Has captado la idea. Chico listo. Sigue leyendo