El Club Noir – III

Previo I & II 

hide fear curiosity III

Con las piernas temblando y recuperando la respiración vuelvo al portón. Lo miro por última vez. En un segundo lo sé. No debería haber venido.  No. Realmente no me atrevo, por mucho que lo desee, que lo necesite. Quise pensar que sí, me dejé llevar por la excitación, pero la realidad es que siempre supe que daría la vuelta. El nudo en el estómago empieza a tornarse en ese otro nudo en la garganta tan familiar. No he sido capaz. De nuevo no soy capaz. Quiero ser capaz.

¿Vas a entrar?

Me pregunta una voz masculina. Me giro y le veo. Todo pasa en un segundo.

– Sí.

Le brillan los ojos, tiene barba de varias semanas, ojos castaños y sinceros, y es algo más alto que yo. Calculo su edad mentalmente –treintaitantos– Me sonríe, acto seguido empuja la puerta utilizando el aldabón y con su mano izquierda me cede el paso. El corazón me vuelve a latir a mil. Vértigo. Voy a entrar. Cierro los ojos por un segundo y pienso –no pienses-. Sin poder hablar, le devuelvo la sonrisa y cruzo la puerta. Él me sigue.

Tras el portón, a la izquierda, hay una entrada con puertas de cristal y tres escalones de mármol. La entrada está iluminada con unos faroles cuidadosamente labrados que desprenden una luz cálida de la pequeña llama que hay en su interior. El chico se adelanta para comenzar a subir la pequeña escalinata y justo cuando pasa por mi lado le cojo de la mano. Estoy temblando.

– ¿Sí? Dime.

– No, nada. Yo,…verás…que… – Miro mi mano agarrada a la suya, cómo la de una niña que va a cruzar la calle, trago saliva. Su mirada ha seguido a la mía. Me mira algo extrañado y con cierta intriga durante un segundo.

– Sí, claro. Tranquila.

Y con paso decidido comienza a subir la escalinata. Empuja la puerta de cristal y sin soltarme de la mano avanza para cruzarla, esta vez él primero. Frente a nosotros, en una recepción, hay un chico y una chica impecablemente vestidos de negro. Los labios rojos de ella son la única nota de color.

– Buenas noches

– Buenas noches

– ¿Sus pases de socios?

– ¿Pases? Nosotros no tenemos…

– ¿Entiendo que es su primera vez? – Nos dice la chica de recepción con una encantadora y cálida sonrisa.

– Sí, es la primera vez.

– En ese caso es requerida la invitación de un socio, me temo.

Sin decir nada, saco la tarjeta negra del bolsillo de mi abrigo y la pongo encima de la mesa. Es lisa, de plástico negro brillante sin ningún tipo de inscripción, sólo tiene una estrella dorada en una de sus esquinas. Él mírala tarjeta y después a mí  entre sorprendido e intrigado. Los ojos de la chica delatan sorpresa cuando ve la tarjeta y mira rápidamente a su compañero, el cual ahora nos mira con atención sonriendo.

– Buenas noches señores. Tienen ustedes una invitación a nuestro Club muy especial. Desde este momento cualquier gasto irá por cuenta de su benefactor sin límites. Déjenme preguntarles ¿están los señores familiarizados con la naturaleza y el funcionamiento de Noir?

Yo asiento levemente. Él sin habla, niega sin poder salir de su asombro e intriga.

– Noir es un club muy especial dónde sus sueños, necesidades  y fantasías sexuales pueden convertirse en realidad. Supongo que están familiarizados con las reglas que rigen en los lugares dónde se favorecen encuentros sexuales. En Noir las mismas reglas de respeto, consentimientos y educación aplican. Por supuesto, y por razones que entenderán, rogamos también a nuestros socios máxima discreción sobre el Club y las actividades que él se realizan. 

El chico nos mira esperando algún tipo de respuesta por nuestra parte. Los dos asentimos sin ni siquiera mirarnos.

– Cómo les decía, Noir es un lugar muy especial. Nuestros socios en lo que actividades en el club se refiere pueden ser: Aprendices o Mentores.

– ¿Aprendices? ¿Mentores? – musita apretando mi mano.

– Sí. – nos dice sin perder su sonrisa. – Aprendices son aquellas personas que desean experimentar el sexo desde el desconocimiento en distintos grados. Son aquellos que desean dar un paso más allá en su autoconocimiento, placer y experiencia.  Los mentores, son sus guías. Personas que se ofrecen a guiar, a enseñar, a los aprendices a través de sus deseos ayudándoles a llevarlos a cabo. Los mentores se encargan de conducir la situación, de enseñarles y de velar por sus aprendices.

– ¿tipo amo – sumiso?

– No, es distinto, va más allá. Es más amplio. No hablamos de una relación de dominación-sumisión en concreto. El Mentor no domina al aprendiz, si no es esta la fantasía. El mentor cuida y guía a su aprendiz, le enseña, a través de las distintas experiencias, y fantasías. Disfrutándolas él también, por supuesto. El BDSM puede ser una de ellas, si así lo desean no estando los roles predeterminados de antemano.  Cada uno lleva una pulsera para ser identificado en su rol, blanca para los aprendices y negra para los mentores.  Se las entregaremos cuando tomen su decisión. En Noir contamos afortunadamente con unas magnificas instalaciones, dónde podrán desarrollar sus fantasías. Nuestro  personal está disponible y le ayudará a ir solventando dudas sobre su uso. De todas formas, permítanme ofrecerles cómo bienvenida en su primera noche un pequeño tour por las dependencias del club y una cena de bienvenida en el restaurante de la casa para que tengan oportunidad de tranquilamente pensar en sus opciones y próximos pasos. No deben precipitarse. Necesitaremos saberlos para poder así ayudarles. Por ejemplo a buscar mentores o aprendices  según decidan. 

– ¿No podemos elegirlos nosotros?

– Por supuesto, y así será. Noir sólo les facilitaría el acceso a otros socios en posición similar de búsqueda. La elección de un mentor y su aprendiz es algo entre esas personas. Queremos, sobre todo,  que siempre se sientan cómodos con nosotros. Antes de pasar a Noir, debo tomar nota de sus datos. Por supuesto, serán estrictamente confidenciales a todos los efectos. Es más,   algo importante que debo comentarles, deben  escoger un sobrenombre.

– ¿Un sobrenombre?

– Sí. Recomendamos preservar su identidad en Noir. Por su seguridad y privacidad. Ahora si desean formar parte de Noir, les ruego rellenen el siguiente formulario.

Y con esto sacó dos hojas de papel con la imagen de club en su cabecera,  dos plumas negras y nos lo tendió sobre la mesa. Solté la mano de mi extraño compañero  y me puse a completar aquel formulario de papel verjurado. Pandora, ese sería mi nombre a partir de ahora. Sonaba bien.

De un gestó alejó el papel indicando también que él había terminado, buscándome la mano de nuevo inmediatamente después. ¿Cuál habría elegido él?

-¿Pasamos ya? 

-Por supuesto. Greta se encargará de incluir sus datos en el sistema. Las pulseras correspondientes las podrán recoger a la salida una vez tomada su decisión. 

Con esto se dirigió a una puerta de doble hoja lacada en negro, con dos cariátides de mármol blanco flanqueándola. Cómo la de la calle era de medio arco, pero más pequeña con un pequeño aldabón también de hierro labrado en cada hoja.

– Síganme por favor. Sean bienvenidos al Club Noir. 

Nos dirigimos hacia la puerta siguiendo a nuestro guía. La abre y distingo unas paredes pintadas de rojo intenso y luz cálida.  Voy de su mano.  Justo antes de traspasar el umbral, me acerco a su oído, tiro levemente de su mano y le pregunto susurrándole:

– ¿Quieres ser mi mentor? 

(Contessa Pandora – 03 Feb 15)

IV

Pocas frases han sido capaces de desencadenar una catarsis mental-erótico-corporal como el axioma: “Noir…¿Quieres ser mi mentor?” La conexión (Noir-susurros-excitaciones-ella) detonó en mí colores y signos de sedosas telas carmesí; de aromas absorbentes: selva candorosa, alquimias y envolventes melodías. Fueron los susurros de ella, sus evocaciones, su belleza: niña sedosa, perversa inocencia, cuerpo-mirada concupiscente: joven Diosa.Su timidez del inició se transformó en sutil fuego salamandrino. Despertó mi naturaleza de Macho Cabrío (ella no lo sabía todavía, soy Eros: el demonio-poeta) cuando me miró por primera vez. Mis palabras no eran necesarias. Ella sabía mi respuesta a su pregunta inicial. En nuestro cruce de miradas vimos; sentimos,abismos de intensa, enloquecida vida. Nuestro primer recorrido por el Noir se fue convirtiendo en una suave tonada: “Blue velvet…She wore blue velvet, bluer than velvet was the night. Softer than satin was the light from the stars…”La melodía venía de un íntimo salón semioscuro que se hallaba al fondo.

Era un espacio surrealista, materias incandescentes adornaban las paredes, semejaban constelaciones, laberínticas galaxias. Baile tenue: tres parejas danzaban: humos ignotos. No dejábamos de mirarnos, de suave, ardientemente rozarnos. Buscábamos penetrar nuestros mundos: yo me hundía entre sus ojos claros, ella, en mis ventanas color ámbar. Veíamosen nuestro interior: bellas esculturas orientales, atormentados y hermosos mundos inciertos: rojos abismos, historias translunares, abismos, transmundos de terciopelo bermellón. Danzamos. La música duró eternidades. El baile nos sacó del espacio-tiempo; nos sumergía entre zonas multidimensionales. Evocaciones compartidas:“Through the years, and I still can see blue velvet through my tears…”

Intenso beso: sexo en sexo. Abrazo: escarlata excitación. Entre la hiperdimensión de este instante bañado de eternidad: prolongados suspiros. Me susurró al oído: soy Pandora. Le contesté, Eros soy. Como mentor, le enseñé a Pandora la primera gran lección: el deseo erótico es multidimensional, inicia con penetrantes miradas, suaves roces, danza; y se va consolidando como una sinfonía sexual que combina las músicas del cosmos y las perversiones eróticas más extremas. El mentor debe llevar a la aprendiz desde las más artísticas-sutiles sensaciones—las que erizan la piel y excitan la mente y el clítoris—hasta las más bizarras experiencias—las que despiertan los abismales demonios que claman ser saciados por un sexual y sabio maestro como yo. (EroSVerseLuX 04 Feb 15)

Siguiente V

Imagen: Dessert & Siesta by Alexander Grahovsky

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8 pensamientos en “El Club Noir – III

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